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Un mariposario apuesta a la educación para reducir la contaminación ambiental

Por: Sofía Rico 

Publicado: Mar 14, 2021 08:00 AM

El Mariposario Lluvia del Sol cuenta con un espacio en la Finca HidroOrgánica de Río Grande y coloca como protagonistas de un ambicioso proyecto a jóvenes de nuestra isla.

La joven de 25 años, Cristina González, siempre soñó con crear su propio mariposario, y al llegar a la Finca Hidro Orgánica, la hizo realidad, creando el Mariposario Lluvia del Sol junto a los agricultores Francisco Castro Barreto y Antonio Castro Barreto.

“Siempre quise hacer un mariposario pequeño, casero, pero no sabíamos que se iba a convertir en algo tan importante para la finca, el ambiente y para la comunidad”, expresó González, quien hace seis años está sumergida en el mundo de la agricultura, específicamente en el sector agroecológico.

El Mariposario Lluvia del Sol nació hace dos años ante la inquietud de González y su pareja, Francisco Castro Barreto, ante la escasa población de mariposas monarcas en Puerto Rico. Al percatarse de este dato, se fueron educando con la profesora Marisol Quiñones de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Utuado (UPRU).

“Aprendimos que no había mucha población porque la mariposa no tenía dónde poner sus huevos, el uso de pesticida y la contaminación ambiental. Al tener esta finca ideal, teníamos plantas para alimentarse y luego sembramos las plantas hospederas”, explicó la coordinadora del mariposario.

Para preservar las mariposas monarcas, cuentan con un mariposario al aire libre y uno cerrado. Cuando la mariposa pone los huevos en las plantas hospederas de afuera, cogen la oruga y la ponen en el mariposario cerrado para vigilar ese proceso. 

“Se vigila el proceso de cuando ella salga, ya que sale tan débil, para que no se caiga. Ese primer día está secando sus alas, y ya el segundo día va de flor en flor a alimentarse en la finca”, describió la joven de 25 años.

Como dato curioso, González destacó que la mariposa puede poner hasta 500 huevos al día, sin embargo, su periodo estimado de vida no es mucho. Las mariposas monarcas viven aproximadamente de tres semanas a un mes, debido a factores ambientales o sus depredadores, los lagartijos.

Una manera divertida de educarse

Por otro lado, el mariposario cuenta con recorridos educativos que apelan a todas las edades, e incluso, ante la pandemia, han llevado a cabo recorridos virtuales con grupos de más de 70 personas.

“Con las nuevas flexibilizaciones (de la Orden Ejecutiva) hemos comenzado a recibir grupos de personas. En estos recorridos llevamos a las personas al mariposario, a nuestros bancos de siembra, le enseñamos nuestro proyecto de tabacco, composta, y nuestras herramientas”, dijo una de las fundadoras del mariposario.

Además, cuentan con un área de café con productos sembrados en la finca, en la cual se pueden sentar aproximadamente 24 personas.

Desde el mariposario es importante apoyar estos proyectos porque necesitamos aumentar esos polinizadores. Es importante conocer su proceso, porque no no puede amar lo que uno no conoce, y por eso nos damos la tarea de educar a todos y todas sin importar la edad; crear esa conexión con la naturaleza y su entorno”, manifestó González.

Todos los lunes y miércoles a las 10 a.m. y viernes a las 5p.m. reciben a personas para los recorridos educativos. De igual manera, puede reservar para grupos privados. Si está interesado en participar en los mismos puede acceder a www.hidrorganica.com , de igual manera, puede buscarlos en las redes sociales como HidrOrganica PR, Mariposario Lluvia del Sol y/o El Club del Turro en Facebook.

Via NotiCel

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Mientras el gobierno promueve la agricultura industrial, los pequeños productores agrícolas siembran el cambio

El huracán María devastó a Puerto Rico hace casi tres años y destacó su dependencia de los alimentos importados. La propagación del nuevo coronavirus podría ocasionar una escasez de comida similar. Los agricultores jóvenes están aprovechando los recursos naturales de la isla para desatar el interés en los productos locales.

RÍO GRANDE, PUERTO RICO — Francisco Castro camina entre la parcha, papaya, los tomates y las habichuelas que crecen en su finca ecológica y que rinden tributo a la combinación perfecta del suelo y clima de Puerto Rico.

“Puerto Rico está bendito”, dice Castro.

Puerto Rico depende de los alimentos que se importan de los Estados Unidos contiguos, lo cual lo hace vulnerable cuando se retrasan las entregas durante huracanes, desastres naturales o pandemias globales como el nuevo coronavirus. Castro es uno de docenas de agricultores y habitantes de ciudades que intentan cambiar esto al promover la agricultura ecológica de pequeña escala, a pesar del plan del gobierno para impulsar la agricultura industrial.

Un letrero rústico de madera da la bienvenida a los visitantes que llegan a la finca Neo Jibairo, en donde Castro, de 30 años de edad, ha trabajado durante los últimos cuatro años. Pequeñas matas de guineos separan los cultivos de un camino de pasto y de un gran invernadero. La finca está situada en Río Grande, un pueblo en la costa este de Puerto Rico. Castro ayuda a cosechar los productos, para luego empacarlos y distribuirlos a seis supermercados orgánicos, así como a restaurantes y hoteles ubicados en zonas metropolitanas.

Este modelo fomenta el consumo de productos de las fincas de Puerto Rico, dice Castro, en lugar de los supermercados que tienden a ofrecer productos importados.

Pese al clima ideal de la región, en 2017, el 89% del alimento de Puerto Rico se importaba, según datos provistos por el Departamento de Agricultura de Puerto Rico.

Esto hace a Puerto Rico susceptible a escasez de comida según el coronavirus se propaga, dice Nelson Alvarez Febles, autor y experto en agricultura ecológica y política pública sostenible. Las interrupciones en transportación y posibles impactos en la producción de comida de California a Texas podrían tener un impacto directo en Puerto Rico, dice, tan pronto como en unas semanas.

“Dada esta situación, es bien importante que se tomen medidas rápidas y eficientes para aumentar la producción de comida en Puerto Rico”, dice.

Pero los agricultores que tratan de hacer esto encaran numerosos obstáculos. Políticas pasadas y un historial de poco apoyo gubernamental a la agricultura frenan a los agricultores, dice Alvarez Febles.

Antes de la década de 1940, Puerto Rico producía dos terceras partes de sus alimentos. Eso cambió cuando el gobierno implementó la Operación Manos a la Obra, una política de industrialización que incentivó la reubicación de los productores agrícolas a ciudades y trabajos en fábricas, señala Alvarez Febles. Fue entonces que Puerto Rico comenzó a importar más alimentos.

Una ley de los Estados Unidos, denominada Ley Jones, complica aún más la situación. Dicha legislación exige que toda la mercancía que llega a Puerto Rico sea transportada por barcos estadounidenses, lo cual aumenta el precio de los productos para los puertorriqueños. El envío de productos en contenedor a Puerto Rico cuesta alrededor de $3,027 en un barco estadounidense, mientras que el costo de embarques similares en naves de otros países sería de $1,206, según un informe publicado en 2019 por Advantage Business Consulting, una empresa consultora económica de Puerto Rico.

La Ley Jones también significa que cuando los huracanes azotan el Caribe y se cierran los puertos, se demora la importación de alimentos. Esto ocurrió en 2017, con el huracán María, uno de los peores desastres naturales que ha sufrido la región.

“Después del huracán María, se produjo una gran crisis alimentaria – no había comida”, señala el agricultor Castro. Los puertos se cerraron poco antes de la llegada del huracán y durante días posteriores. Esto, combinado con la falta de refrigeración debido a la destrucción de la red de electricidad y las carreteras obstruidas, hizo que los puertorriqueños encararan una escasez de alimentos.

El gobierno de Puerto Rico argumenta que las pequeñas fincas ecológicas no resolverían este problema. En cambio, este tiene planes de duplicar la producción agrícola, con base en un modelo que el Secretario de Agricultura Carlos Flores Ortega denomina “agricultura empresarial”.

Las familias no tienen tiempo para cocinar, dice Flores, de modo que el gobierno apoya la producción y distribución de frutas y vegetales picados y empacados, de fácil uso. También, se quiere utilizar nuevas tecnologías y técnicas, tales como ambientes controlados y cultivo hidropónico.

“Tenemos que procesar muchos de nuestros productos, de modo que las familias puedan comprarlos y usarlos”, indica Flores. “Si no hacemos eso, terminarán usando productos procesados que no fueron elaborados aquí”.

Los pequeños productores no pueden cubrir todas las necesidades alimentarias de Puerto Rico, dice Flores, puesto que los puertorriqueños prefieren una dieta más inclinada hacia la carne, y la región no cuenta con suficientes tierras. La producción ganadera requiere mucho más terreno que los vegetales, dice, señalando que la población de Puerto Rico es demasiado numerosa para la cantidad de carne que puede producirse. La producción de carne necesita seis veces más superficie de tierras que los guisantes, por ejemplo, de acuerdo a trabajos de investigación publicados en la revista Science, en 2018.

Alvarez Febles, el escritor, no cree en este argumento. El gobierno no está promoviendo la agroindustria por el bien de la seguridad alimentaria del ciudadano, dice, sino por los intereses de las grandes empresas.

Una cantidad creciente de agricultores y jóvenes se oponen al plan del gobierno mediante el apoyo a productos locales y la distribución de alimentos en áreas urbanas.

Yamaira Hickey Morales, de 24 años de edad, y Miguel García González, de 27, pasan los fines de semana en las fincas de sus familias, en Florida, en el centro-norte de Puerto Rico, o Morovis, un pueblo cercano. Allá limpian el terreno, desyerban, cosechan cultivos y siembran semillas, dice Hickey Morales.

Los productos agrícolas se transportan a San Juan, la capital, en donde estos agricultores venden sus productos desde su camioneta a precios menores a los de los supermercados. Le han dado el nombre de cosecha móvil a su proyecto.

Hasta ahora, han cultivado aguacate, guineos, papaya, calabaza, plátanos, toronja, guayaba y mandarina. Ahora están cultivando sus primeras producciones de yuca, pana y gandules.

La gente que vive en la zona, va desde sus hogares en la avenida Universidad de Río Piedras, un barrio de San Juan, a comprarle aguacates a García González. Mientras los pesa, señala que más personas están comprando este tipo de productos porque son más saludables ya que no se usan plaguicidas en su cultivo y cuestan menos que en los supermercados.

Un solo aguacate de supermercado cuesta $3, mientras que productores locales como Hickey Morales y García González los venden a $1 o $2. Un ramo de cilantro, generalmente, cuesta $1 en el mercado de productores, mientras que en los supermercados cuesta $1.89.

Cristina González trabaja con Castro en la finca Neo Jibairo. Su sombrero de paja la protege de los rayos del sol. Ellos consideran que fincas como esta constituyen el futuro y están creando un proyecto de turismo para incentivar la educación agrícola.

El proyecto, enfocado en turistas nacionales y extranjeros, incluirá una visita a la finca en donde podrán ver el vivero, los cultivos hidropónicos, los campos de tabaco, la producción de composta y un mariposario. En las visitas, se educará sobre la agro-ecología – nombre que da la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura al desarrollo sostenible que apoya las necesidades sociales, ambientales y económicas.

Cristina González quiere que los puertorriqueños aprendan cómo los agricultores trabajan, mejoran los suelos y gestionan los recursos naturales.

“La gente quiere aprender”, dice González, “y están dispuestas a pagar”.

Hickey Morales y García González iniciaron su proyecto de distribución de alimentos dos semanas después de que el huracán María paralizara la zona. García González dice que tiene la esperanza de que este nuevo comienzo rinda frutos.

Via Global Press Journal

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Aumentan las empresas agroturísticas en la isla

Por Metro Puerto Rico 

Miércoles 26 de febrero de 2020, a las 15:06

La Compañía de Turismo de Puerto Rico (CTPR) dio la bienvenida a su programa de Certificación de Empresas Agroturísticas a San Juan Artisan Distillers en Vega Alta, HidrOrgánica en Río Grande y Siempre Verde en Cayey. Con estas tres certificaciones aumentan a 24 los proyectos agroturísticos certificados por la CTPR en su programa de instalaciones verdes, el cual incluye además 11 hospederías y 9 empresas ecoturísticas.

La directora ejecutiva de la CTPR, Carla Campos, junto al secretario del Departamento de Agricultura, Carlos Flores Ortega, participaron de un conversatorio junto a los dueños y representantes de las compañías durante la ceremonia de entrega de los certificados, que además incluyó un recorrido por las facilidades de San Juan Distillers en Vega Alta.

“Para la Compañía de Turismo es un placer y un orgullo poder contar con empresarios puertorriqueños como lo son los dueños y empleados de estas empresas a quienes, como parte del compromiso de la gobernadora Wanda Vázquez Garced, le hacemos entrega oficial de estas tres nuevas certificaciones. Su esfuerzo y perseverancia aportan a la diversidad de ofrecimientos de nuestro destino, ofreciendo una experiencia educativa y agroturística de alta calidad y aportan al desarrollo económico de la Isla generando empleos y productos en los sectores del turismo y la agricultura”.

“Quiero reconocer el trabajo y el apoyo de la Compañía de Turismo a nuestra agricultura. Desde hace un tiempo se venían dando las condiciones para esta combinación de turismo y tierra. Sólo hacía falta la visión correcta para ponerla en marcha. Nuestros agricultores son reflejo de lo que es Puerto Rico como destino. Gente trabajadora, resiliente, que se reiventa. Estos tres proyectos son un claro ejemplo de la capacidad de nuestra gente y un claro estímulo para continuar respaldando sus iniciativas desde el Departamento de Agricultura”, expresó el secretario de Agricultura.

San Juan Artisan Distillers es una destilería que se dedica a la producción del ron artesanal bajo las marcas de Tres Clavos, y comenzando este verano, Ron Pepón. El proyecto agroturístico, localizado en Vega Alta, ofrece un recorrido por cita previa, por el área del cañaveral y la planta procesadora además de una sesión de degustación de sus productos. El presidente de la empresa, José “Pepe” Álvarez y José Álvarez Jr., vicepresidente de operaciones y maestro ronero, utilizan frutas de productores locales en pueblos tales como Barranquitas, San Sebastián, Manatí y Lajas para producir su variedad de rones con sabores de frutas Bili Quenepa, Coco Loco, Rumba Mango, Passion Parcha, Ginger Spice, Sweet Piña y Tutti Fruits.

Cristina González, codueña de la finca agroecológica HidrOrgánica, ubicada en Río Grande, indicó que las facilidades se enfocan en el cultivo y venta de productos entre los cuales se encuentran, legumbres, frutas, lechugas, tabaco, y germinados agroecológicos entre otros. El recorrido incluye visitas a las diferentes áreas de cultivos realizados bajo las guías de la agroecología, visita a cultivo de tabaco, casa de secado de hojas de tabaco, mariposario libre, taller de elaboración de un cigarro bajo la marca Turro y degustación de jugos frescos hechos con productos de la finca. Durante el recorrido se fomenta el no contribuir con desperdicios por lo que no son utilizados plásticos.

Por su parte Siempre Verde en el Barrio Beatriz de Cayey es una finca educativa comprometida con la protección de nuestro planeta y la conservación del medio ambiente. En sus facilidades educan sobre las mejores prácticas para lograr la sustentabilidad, ya sea mediante la recolección y uso de agua de lluvia, paneles solares, sustentabilidad alimentaria y la sustentabilidad económica. Su propietaria Donna Durán explicó vía telefónica, que en el lugar los visitantes pueden apreciar el proceso completo de las técnicas agroecología y la permacultura, desde la semilla hasta la cosecha durante su recorrido de una hora. Luego del mismo los participantes tienen la oportunidad de participar en una degustación de chocolate caliente en La Chocolatera, el pequeño restaurante de la finca. Siempre Verde es una organización sin fines de lucro la cual se enfoca en ofrecer talleres de agroecología a niños con necesidades especiales.

“Invitamos a todos a que disfruten de un recorrido por las facilidades de HidrOrgánica, Siempre Verde y San Juan Artisan Distillers para que conozcan un poco más sobre la tradición de la agricultura puertorriqueña y disfruten de sus productos de alta calidad”.

Para más información sobre empresas verdes certificadas por la Compañía de Turismo y los requisitos para solicitar la certificación verde puede comunicarse con la oficina de Turismo Sostenible de División de Planificación y Desarrollo de la CTPR con Nildamarie Díaz o Nilda Luhring a los correos electrónicos nildamarie.diaz@tourism.pr.gov y nilda.luhring@tourism.pr.gov respectivamente.

Via Metro PR